jueves, 21 de enero de 2010

LA FIESTA NACIONAL


ppcc dijo...
Este hilo se llama "El precio de la paciencia", lo que equivale a decir:

LA PACIENCIA TIENE UN LÍMITE.

Nuestra paciencia con nuestros benefactores-comunicadores de la política económica ha llegado a su límite.

No es de recibo que, a estas alturas, seamos el único país de la burbuja inmobiliaria en el que, todavía, no tengamos una intervención como Dios manda en el sistema financiero ni ninguna reforma en estudio respecto del sistema fiscal.

En nuestro ticket, figura 31-12-2010 como fecha de la capitulación sanadora porque fueron los propios macroeconomistas orgánicos los que pusieron esa dead line, cuando el turning point (otoño 2006), o sea, cuando las inmobiliarias/constructoras se abalanzaron sobre Repsol, Endesa, Iberdrola.

No es una fecha nuestra. Pero encaja con el Principio de Proporcionalidad Cíclica, de los grandes estudios sobre burbujas inmobiliarias. Es razonable que una cosa que se ha hinchado durante 20 años, tarde 4 en deshincharse lo que tenga que hacerlo.

Además, está la cuestión de la asincronía cíclica de España con el resto de países. De nuestras asincronías cíclicas, oí yo hablar por primera vez hace 37 años, en 1973.

Sin embargo, una cosa es que, de partida, se cuente con que nosotros vamos rezagados y otra muy distinta que, dentro de nuestro retardo, encima, no hagamos los deberes que tocan, o sea, estemos dormidos y andemos "mariconeando", perdónenme la expresión, nunca mejor empleada, por otra parte, dado el pozo donde se ha metido la SDSL en España en su afán por parecer maja, espoleada por la culpa al haber perpetrado la estafa generacional más grande de la historia, por pura avaricia.

La polémica sobre la decepción del FROB va por ahí. Es eufemística. Ya no saben cómo decirnos que le echemos pantalones de una puñetera vez, perdónenme la expresión.

Nos hemos quedado solos en nuestra cobardía.

Y no puede invocarse la "profundidad de campo".

En relación con las entidades de crédito españolas debería haber habido ya algunos de los eventos que forman parte del ortograma conocido, de modo que los siguientes eventos de la lista estarían ya a la vista. Sabemos por dónde tiene que pasar la crisis en España y no está pasando.

Estamos hechos unos cobardicas, encogidos de hombros, prácticamente, en la línea de salida.

Deberíamos hablar más de La Caixa y menos de anos, fetos muertos y demás guarrerías que nos propone la SDSL, retorcida por la culpa de haber expoliado a la mejor juventud que nunca había habido en España.

Acaso, ¿no piensan ustedes que el asalto filocántabro en Repsol no tiene que ver con los problemas de ésta?

Donde se ve lo que digo, dada la ceguera inducida por La Comedia de Gallinas, es en cómo avanza la deuda del Estado. Qué buena iniciativa, esta:

http://jcbcarc.dyndns.org/Defcon.php

Desgraciadamente, en España, a diferencia del resto de países, las derechas padecen cuatro enfermedades letales:

1) odio a la Administración Central del Estado;

2) envidia del PSOE como partido político; un sentimiento parecido al de la atracción que ejerce el chuletón de buey crudo y sanguinolento sobre la psique del vegetariano, que, porque lo vive con culpa, lo es; o sea, lo mismo que tienen los rojos orgánicos con Gustavo Bueno;

3) desapego en relación con la moral dominante; y

4) cinismo liberal en relación con El Pisito y las CCdAA.

Esta misma mañana un promotor inmobiliario forrado, literalmente, me ha dicho:

- "El PSOE no lo está haciendo tan mal, no hay ningún disturbio; está manteniéndose muy bien el valor de los inmuebles; no hay ni atisbo de corrida bancaria; presión fiscal, tenemos la de siempre, o sea, poca; para colmo, le estamos sacando un buen dinero a la Bolsa; y, gracias a la crisis, abunda el ganado en los clubes".

Luego, por la tarde, se conectan a Intereconomía, cuando no van directamente El Plató (donde se cena muy bien), para ver rajar de boquilla contra las personas que dan la cara en el Gobierno, mientras consienten en la operación político-disciplinaria en el banco público Caja Madrid.

¿Por qué no hablamos, también, de Caja Madrid, la Caja de Ahorros especializada en hipotecas a inmigrantes latinoamericanos y magrebíes, cuya gran inversión es Iberia?

20-01-2010
LA FIESTA NACIONAL

A pisitófilos, como a prácticamente cualquier otro erudito profesional, con grandes conocimientos y aún más grandes egos, lo que no les gusta nada de nada es que les dejen mal.

Está mosqueado y con razón, con el jefe del edificio de la calle Alcalá porque no le han cumplido con lo que le debieron decir en petit comité, sobre que antes del fin de año de 2.009 habría una intervención "ejemplar" o algún evento niquelatorio por el estilo. Lo avisó una y otra vez en el blog de Conthe y le han dejado con el culo al aire. Normal que se mosquee.

Ahora pone pucheros y avisa a navegantes de que su sigilo autoimpuesto ha acabado. Lo siento mucho, pero sinceramente no me lo creo. Más bien pienso que es una rabieta controlada y una pública llamada de atención a su colega del BdE. Un "eres un marica" de libro, un aviso desde la presidencia para ver si el "matador" termina de una puñetera vez la lidia del segundo toro. Recordemos que al primero, de la ganadería Moltó, negro chorreao, ya se lo llevaron las mulillas entre los pitos del respetable.

Pero yo lo que creo es que el "maestro", no el del blog de Conthe, sino el de Alcalá, lo que está es literalmente cagao ante lo que tiene delante y con la excusa del FROB no aprobado por Bruselas, se queda bien encogido detrás del burladero. Mientras tanto al segundo de la tarde, a este paso lo van a tener que sacar los cabestros del BCE con Florito Trichet a la cabeza, porque si no aquí no salen a la arena ni los banderilleros y nos van a dar las tantas. Y ojo, que según "el cartel" aún faltan toros para dar y tomar.
????: Burbuja Económica http://www.burbuja.info/inmobiliaria/burbuja-inmobiliaria/21210-mas-ir.html

Queda mucha tarde y queda mucha feria todavía.

Lo que a mí me da un pelín de cosilla en el estómago es el pensamiento que tengo de a ver si al presidente de la corrida, el famoso B-R, le van a fallar los cálculos y en lugar de salir un toro tras de otro, en el orden establecido, a ver si se nos va a convertir la corrida en un encierro, con todos los morlacos juntos y revueltos al mismo tiempo, pero sin habernos dado tiempo a preparar el recorrido como Dios manda, calle Estafeta-FROB incluida. Al fin y al cabo, tanta emisión de deuda del Tesoro estos días, es normal que no deje sitio para más emisores.

En fin, que creo que Pisitófilos, desde el tendido 7, está ya hasta los cojones de pitar y silbar y sinceramente, a mi que lo estoy viendo todo por la tele, o mejor dicho por el monitor, me parece que tiene motivos de sobra. Como esto se alargue mucho me cambio al jurgol, que hay muchas ofertas. O si no al Sálvame DELUXXXXXXXX.


Pero a Moltó lo indultaron. Y eso que la faena fue de pena.

La Fiesta ya no es lo que era. Nos la han deflactao.


Moltó era la ganadería. Menudo "ganao" por cierto.

Al toro, de nombre CCM, después del niquelao lo han dejao más bien en becerra pa tentaderos de japoneses.

Pero a Moltó lo indultaron. Y eso que la faena fue de pena.

La Fiesta ya no es lo que era. Nos la han deflactao.


Moltó era la ganadería. Menudo "ganao" por cierto.

Al toro, de nombre CCM, después del niquelao lo han dejao más bien en becerra pa tentaderos de japoneses.

Ya saben ustedes que antes de los años 20 del siglo pasado el grito en las plazas no era el de "más toros" sino el de "más caballos".
quí lo que faltan son toreros. Toreros y cojones.

Porque a Mafo, por mucho que se empeñe él, el papel de Don Tancredo actual no le va, no.

viernes, 8 de enero de 2010

Resumen de España en 2.000 palabras.




Érase una vez un país que se creía rico. No tenía petróleo ni gas. Sus reservas minerales eran escasas y estaban casi agotadas. Su industria, mediocre y poco competitiva porque su mano de obra no era barata. Su agricultura dependía de un regadío deficitario de agua y gran consumidor de energía. Apenas tenía tecnología propia ni investigaba lo suficiente para conseguirla. Y sin embargo se creía rico. También sus habitantes creían poder vivir a todo plan. Veían natural gozar de un alto nivel de vida, tener muchas prestaciones sociales, trabajar lo menos posible, cultivar el ocio como objetivo vital y tener la vida asegurada. Eran gentes que valoraban mucho sus derechos y se sentían poco comprometidas con sus deberes. Jamás se planteaban por qué vivían tan bien cuando la mayor parte del planeta pasaba calamidades. Y lo curioso es que no siempre había sido así. Hacía cuarenta años era un lugar modesto, de gente con alpargatas, escasas libertades y aislado del mundo. Con un trabajo ímprobo, ilusión colectiva y afán por mejorar, se había convertido en un estado moderno, desarrollado y alto nivel de vida. Pero, sin saber por qué, había olvidado sus orígenes y la razón de su bienestar para pasar a creerse en la opulencia. El país que se creía rico actuaba como si lo fuera. Se dotó de administraciones numerosas, con coches oficiales y asesores políticos hasta en el último pueblo. La población pedía cada vez más de las arcas públicas, sin considerar que el nivel de vida no es un derecho adquirido sino algo que hay que ganarse día a día. Parecía natural tener una sanidad de vanguardia, educación de títulos fáciles y escaso esfuerzo, mayores pensiones, protección de desempleo compatible con una economía sumergida, y servicios urbanos de primera. Pero ni siquiera los estados más ricos del mundo se permitían tales lujos. Los países son como las familias: austeros, donde todos trabajan codo con codo, ingresan más que gastan y ahorran para los momentos difíciles; muy ricos, con cuantiosos patrimonios y rentas, que viven muy bien pero evitan el despilfarro para no verse algún día en la ruina; y los que se creen pudientes sin serlo, no tienen patrimonio, pero gastan mientras haya un banco que les preste. Cuando les cortan el crédito, se acabó. Nunca volverán los días dorados donde vivían opulentamente a cambio de nada. El país que se creía rico había abusado del préstamo. Cualquier ciudadano conseguía un crédito, sin capacidad real de devolución, para adquirir viviendas, coches o bienes a un precio ficticio muy superior al valor real. Sus fabricantes se frotaban las manos por el dineral que ganaban vendiendo caro. Y pagaban bien a sus empleados que se sentían aun más ricos con buenos sueldos y viviendas costosas. El estado ingresaba mucho dinero de impuestos y regalaba más bienestar en prestaciones. Era una pescadilla que se mordía la cola y se cerraba en si misma dejando a todo el mundo satisfecho con su falsa riqueza. Las grandes empresas también pedían dinero prestado para comprar otras compañías. No importaba un precio desproporcionado, total no había que poner ni un euro cuando todo era a costa del banco. Y así se sentían mucho más ricas. Remuneraban muy bien a sus ejecutivos, emprendían nuevas inversiones y se despreocupaban del riesgo que corrían. Un día, los financieros de todo el mundo supieron que lo habían hecho muy mal y renunciaron a prestar. Realmente ya no les quedaba nada que dejar. Y el país, que actuaba con la alegría de una familia modesta que dilapida los préstamos y disfruta como la cigarra, sin pensar que deberá devolverlos, se enteró una mañana del final del crédito. Tocaba apretarse el cinturón y afrontar la triste realidad de sus limitadas posibilidades. Ya nadie podía comprar casas, apartamentos ni coches. Los fabricantes no vendían y despedían a sus empleados. La gente iba al paro y volvía la cabeza hacia el Estado pidiendo ayuda. Pero como no había ya negocios ni sueldos, tampoco se recaudaban impuestos. Ahora era Hacienda quien debía pedir préstamos. El país que se creía rico quiere pensar que sufre una crisis pasajera. Una especie de gripe de la que pronto se levantará como si nada. Y la política, que odia disgustar al pueblo, habla de un mal general y transitorio con el que no hay que angustiarse porque, mientras dure, ahí está el Estado para mantener el nivel de vida y bienestar de sus ciudadanos. Un día, alguien tendrá que decir que nada volverá a ser como antes, cuando todo era un falso espejismo. Que un país no puede vivir en plan rico, si no lo es, ni sus arcas públicas mantener un falso nivel de vida durante mucho tiempo. Y que le espera una larga y dura senda de trabajo, sacrificio y realismo hasta conseguir hacerse rico de verdad. Pero eso será otra historia que, por supuesto, tendrá un final feliz.


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Más de la mitad de los españoles no ha superado la ESO.
Pero te firman hipotecas de 50 kilos como quien lava.

miércoles, 6 de enero de 2010

Historia de España 2007/2010






SANTOS JULIÁ OPINIÓN
Cuando los políticos son parte del problema
SANTOS JULIÁ 03/01/2010


Vivíamos en una burbuja, no sólo inmobiliaria: la población había crecido hasta los 46 millones de habitantes, de los que cinco y medio eran inmigrantes; el empleo se había disparado hasta superar con creces el casi imposible listón de los 20 millones de puestos de trabajo; las mujeres habían alcanzado una tasa de ocupación impensable 10 años antes, sin perjuicio de un repunte de la tasa de natalidad; los presupuestos del Estado aseguraban con su persistente superávit un holgado colchón para garantizar aterrizajes muy suaves; nuestro sistema financiero presumía de ser el más sólido del mundo; y en PIB per cápita se decía que habíamos superado a Italia, estábamos a punto de alcanzar a Francia, y Alemania nos quedaba ya a un tiro de piedra: éramos emprendedores, dinámicos ¡y ricos!; nos íbamos a comer el mundo.



Y de pronto, como en el cuento de la lechera, la burbuja estalló, la destrucción de empleo se acercó a los dos millones y no ha parado; el Estado consumió sus reservas en unas semanas; la deuda creció, el déficit se disparó; las Cajas de Ahorros, que son la mitad del sistema financiero, se asomaron al abismo y allí siguen; los italianos se merendaron empresas en sectores estratégicos; Alemania y Francia volvieron a tomar distancias; surgieron problemas en relación con nuestra ubicación en el mundo. En resumidas cuentas: arrastramos el pesado fardo de un millón de viviendas vacías, cuatro millones de parados, un déficit galopante, una deuda que gravitará como una losa sobre las cuentas del Estado, unas empresas en venta, y cuando surge un contencioso con Marruecos, si no vienen en nuestro socorro Estados Unidos -antes despreciado- y Francia -siempre envidiada- nos quedamos de un aire, paralizados. No somos tan ricos como soñamos, ni tan poderosos como alardeamos.

Lo dicho, y mucho más, no podía dejar de afectar al estado de ánimo con el que hemos llegado al fin de 2009, nuestro particular annus horribilis. Las buenas noticias, que las estadísticas se obstinaban en negar, sólo llegaban de la presidencia del Gobierno y todas eran mentira: que aquí no había crisis sino desaceleración; que, una vez reconocida a regañadientes la dichosa crisis, estábamos mejor pertrechados que nadie para hacerle frente; que, antes de que la crisis dejara de hacer de las suyas, ya emergían por doquier brotes verdes; en fin, y para colmo, que la salida de la crisis era inminente. Con lo cual, la melancolía no hizo más que extenderse: el último barómetro del CIS ha visto engrosar como nunca las filas de quienes creen que la situación económica es mala o muy mala (72%), con el agravante de que dos de cada tres españoles piensan que dentro de un año será igual que ahora o peor. No somos ricos ni poderosos y, además, andamos con la moral por los suelos.

Todo esto podría manejarse -y hasta servir de acicate para corregir errores, desterrar los aires de nuevos ricos, volver a la austeridad, ser más productivos y más veraces, abandonar las retóricas hueras- si contáramos con un sistema político que no hubiera dilapidado a espuertas la confianza de la ciudadanía. Pero resulta que la opinión sobre la situación política es un calco de lo que se piensa sobre la económica: más de la mitad de los españoles, con un sustancial aporte de gentes de izquierda y de votantes socialistas, opina que es mala o muy mala. Más aún, por vez primera se comienza a señalar a la clase política, a los políticos en general y al gobierno en particular, como parte del problema más que como su solución. En realidad, si se funden varias respuestas, los dos problemas que hoy preocupan más a los españoles son el paro y los políticos.

De manera que 2010 arranca en medio de una crisis económica que no cesa doblada por una crisis de confianza en la política que no ha hecho más que comenzar. Se diría que, por fin, los y las dirigentes de los partidos socialista y popular han conseguido lo que se proponían con sus suicidas estrategias de polarización: envilecer el debate en un permanente rifirrafe por ver cuál de ellos es más corrupto y perverso, más mentiroso e insolidario, y pulverizar la independencia de las instituciones hasta convertirlas en campos de batalla por incrementar o no perder resortes de poder. ¿El resultado? Pues ahí lo tienen: una crisis económica que nos devuelve a épocas pasadas, una crisis de confianza política que nos sumerge en la incertidumbre sobre el futuro y... un feliz y próspero año que nos espera.


Cuando los políticos son parte del problema · ELPAÍS.com
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lunes, 7 de diciembre de 2009

conversaciones en la red



De modo que 11M = islamismo radical siendo un soberana gilipollez, no lo es tanto desde el punto de vista funcional. Y desde el punto de vista de la comedieta de las gallinas del piso, tampoco lo es.


No fue un atentado de falsa bandera ni un atentado de ETA. Yo tengo clarísimo qué fue y no comulgo de progre.

Es duro para el social-liberalismo, pero los trenes volaron por el numerito de las Azores.

Lo de las Azores tuvo mucho que ver, pero no por las razones que piensa la mayoría. Digamos que a los amigos de Starkiller y a sus compañeros de eje no les hizo mucha gracia que una de sus colonias tuviese la iniciativa de ponerse a negociar el prestar vasallaje al primo de Zumosol...

y más cuando el primo de Zumosol les estaba quitando por la fuerza una otra de sus joyas coloniales, Mesopotomia.

Nuevo presidente, nueva política exterior...

... que volvemos al corazón de Europa, hoygan ("Del que nunca debieron ustedes salirse.", se oye desde allén de los Pirineos.)

La subcontrata, que la grandeur, el glamour y la autoría intelectual son incompatibles con mancharse las manos.

El salario de la subcontrata (fosfatos, petróleo, caladeros de pesca...)

domingo, 6 de diciembre de 2009

diciembre de 2009
EL HOMBRE INDEPENDIENTE O PERIFÉRICO
En 1977 expliqué en un artículo publicado en la revista “Tierras del Sur”, de Sevilla, qué era un periférico. Como entonces gobernaba en España la UCD (Unión de Centro Democrático), fue con relación a este “Centro” como definí la periferia. Ahora ya no se trata sólo de un partido o un país: ahora todo se ha centrado, hasta el punto de que resulta imposible distinguir el programa de un partido socialista (centro-izquierda) de uno conservador (centro-derecha). Pues bien, es a prácticamente el mundo entero a lo que se puede aplicar lo que defendí en aquella ocasión: la oposición natural a la derecha, siempre ha sido la izquierda y viceversa, pero la oposición natural al centro, la única lógica, coherente y verdaderamente opuesta es la periferia. Traslado aquí algunos puntos del artículo aquél:

“La periferia existe; y existe no sólo como oposición al
gobierno actual, sino como oposición a todos los gobiernos posibles e imaginables. La periferia es la oposición por antonomasia (...), constituida por todos los voluntariamente marginados de cualquier tipo de formación que implique —y en el terreno político, todos lo implican— comulgar con ruedas de molino, decir “amén” por razones coyunturales de táctica o estrategia; por los defensores de la verdad cueste lo que cueste; por los capaces de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios y quedarse ellos sin nada; por los sordos a los cantos de sirena; los lobos esteparios, que diría Hermann Hesse, dispuestos a luchar hasta sucumbir por ser ellos mismos en una dimensión, con una profundidad excepcional en este tiempo nuestro de circo subterráneo, en este pedazo de historia que nos están configurando los sapos histéricos e ignorantes.

“El militante periférico no se mueve sólo en una dimensión histórica, sino también intrahistórica, lo cual no quiere decir que se a apolítico ni, mucho menos, insolidario. Si está por ser él mismo y por la verdad, es que está por el hombre; por tanto, no puede ignorar, ni quiere, lo que ocurre en la polis. Más aún: si de él se puede decir que está por el hombre, es que está por quienes tienen necesidad de que estén por ellos: los pobres, los oprimidos, los marginados, que son, en cierto modo, como especies de periféricos sin saberlo. Y digo “en cierto modo” y “especies de”, porque el auténtico militante periférico lo es conscientemente, visceral, racional y sentimentalmente: no puede ser otra cosa.

“Es doloroso el parto que el periférico tiene diariamente de sí mismo; es dolorosa y árida su obstinada soledad. Mas la satisfacción que de vez en cuando le produce su pureza y su desinterés puede llegar a ser casi nirvánica. El periférico tiene derecho a tirar la primera piedra, lo cual no deja de constituir un privilegio casi sobrehumano.

“La actitud del periférico ante la política es tan volcada hacia fuera, hacia quien no es él mismo, como masturbatoria es la del político profesional. La sencillez, la sobriedad, la sinceridad son las virtudes que más admira y practica y, en su opinión, un político, para no merecer ser descalificado, debería ser un simple técnico de las tareas de gobierno, no un inquilino permanente de los noticiarios, los telediarios y las revistas semanales; un técnico, además, con sueldo por debajo del mínimo, pero con más vacaciones que nadie.

“El periférico no hace proselitismo —mucho menos, a base de prometer paraísos utópicos o antiutópicas prebendas, que por lo general no amanecen más que para sus anunciantes—, pero gusta de relacionarse con sus congéneres, ante quienes su innato espíritu de contradicción queda inoperante. Cree en la utopía realizable y el ejercicio de su búsqueda; en la libertad que no admite el despiporre, en la fraternidad que no acepta el cachondeo y en la igualdad que no significa medir por el mismo rasero el mérito y la estulticia. O sea, que es demócrata, porque, entre democracia y dictadura, elige aquélla como mal menor, no porque la crea perfecta. Su ideal, que lo tiene, es la dictadura del genio o de los genios, caso de triunvirato (el filósofo, el sociólogo, el economista), o de consejo de ancianos—: ese gobernante —o terceto o grupo de gobernantes— que haría las cosas con inadvertida eficacia, dejándonos en plena libertad para autorrealizarnos y ayudar a los demás a autorrealizarse, en pleno espíritu de mutua comprensión y tolerancia. Pero esto es algo que se ha revelado biológicamente imposible en todas las galaxias hasta ahora exploradas.

"Gente de mirada superficial suele confundir al periférico con un anarquista, pero de él se diferencia por su tolerancia, su repudio de la violencia y su admisión de la existencia de una parte de la realidad que es invisible y está regida por arcanos que nos afectan, aunque no los comprendamos, susceptible de ser interpretada y aun, en parte, descrita por medio de esas parábolas que la historiografía de la cultura denomina “obras de arte”, más no por medio de dogmas. En el fondo, el periférico, que es un crítico infatigable, piensa como un ácrata pacífico, pero esto ni siquiera se le nota cuando no le hostigan con memeces de demasiado calibre...”

MANUEL GARCÍA-VIÑÓ
Novelista, ensayista y crítico literario

viernes, 4 de diciembre de 2009






3 de diciembre de 2009
DIÁLOGO ENTRE INDEPENDIENTES
Conversación entre dos independientes, verdaderas raras avis en el maravilloso reino de Hispanistán, donde abundan las especies lumbrícidas:

—Hacía tiempo que no te veía, muchacho, ¿cómo te va?
—Psss… —el joven se encoge de hombros—. Ya ves, me doctoré este verano y...
—Vaya, ¡enhorabuena, no es fácil antes de los treinta! ¿Y ahora, qué?
—Pues eso… que me he encontrado con que me cierran todas las puertas al paso. Por ejemplo, en la universidad,
donde la endogamia…
—¡Ah, la endogamia! ¿Pero es tanto como dicen?
—Pues imagínate, si no existen más concursos de oposición a un puesto docente que los amañados por los miembros de los departamentos, que escogen a uno de los suyos en una farsa premeditada.
—¿Pero eso… es así, y... es legal?
—Se convoca una plaza, según la Ley, pero luego, alegalmente, se decide desde dentro a quién se le va a conceder… ¿Lo entiendes? Es un burladero cojonudo.
—Vaya, chico, pero… no sé, ¿no hay otra forma de entrar, algún modo de ganar méritos?
—No es fácil, verás… imagina… un arquitecto, como tú, que haya diseñado y dirigido algunas cuantas obras, incluso reconocidas… pero que además tenga un doctorado en lo suyo. Pues contará menos puntos, menos méritos, que un interino que, escogido a dedo (e incluso sin doctorado) se haya dedicado a escribir artículos, artículos que sus superiores, por supuesto, hayan filtrado a las revistas especializadas. O imagina, por poner otro caso, a un profesor de Instituto que se haya curtido en las aulas un tiempo, y pongamos por caso que… bueno, que incluso haya publicado un par de ensayos, otro de novelas… pues, verás, no sumarás un solo punto (por mucho doctorado que tengas) frente al interino que en el departamento de la facultad a la que te presentas haya sido protegido y dirigido en volandas hasta el puesto “ofertado”.
—Pero entonces… ¿no hay otra forma de entrar que ser introducido a dedo? ¿Y en un ente público?
—Al interesado siempre le quedará la opción de aspirar a un puesto de asociado, como sub-mileurista, aunque trabaje las mismas horas que los demás “colegas”. Claro que tendrá que tener ya otro trabajo (para garantizar su cobertura en materia de seguros y demás) y compaginarlo con su labor docente.
—Y así podrá introducirse…
—Bueno, siempre y cuando no haya ganado una oposición pública en otra instancia, por ejemplo, la Enseñanza Secundaria: entonces nunca podrá pasar de asociado.
—¡Pero esto es increíble, muchacho! ¡Yo financio la universidad pública con mis impuestos, y resulta que funciona como una entidad privada, donde unos elegidos se reparten el pastel!
—Pues así es, lamentablemente así es.
—¿Y qué criterios de elección siguen? Imagino que…
—Bueno, hasta donde llega mi experiencia, la elección se basa en la docilidad con que el escogido se presta a asumir un rol de siervo, ya sabes… hacerle el trabajo sucio a los titulares, lo que en la jerga llaman un “negro”.
—¿No cuenta el expediente?
—En absoluto. Eso no tiene nada que ver. Ni el expediente ni las ganas de trabajar: lo que se valora es la sumisión.
—Vamos, que cogen al que se deja dar por saco hasta el momento en que le toque dar a él.
—Podría decirse así, sí.
—Y la política… ¿influye?
—Depende en qué ciudad nos encontremos, pero… sí, sí. En las universidades gallegas, por ejemplo, es difícil hacerse un hueco si no simpatizas con el BNG. En ciertos departamentos de algunas universidades madrileñas, por ejemplo, domina el Opus. Pero en otros casos se trata simplemente de
tragar, de tener un estómago sin fondo y de ser un maestro en el arte de hacer la pelota.
—Sí, joder, sí, en eso los españoles son los campeones del mundo. Ya lo creo, muchacho. Pero créeme que me has dejado a cuadros… la verdad, nunca me había parado a pensar cómo funcionaría ese tinglado…
—En España lo público no se respeta, la gente hace de lo público su cortijo privado, se comporta con una inmadurez lamentable como pueblo.
—¡Pero lo que me cuentas se llama nepotismo!
—Siempre te queda la opción de irte al extranjero y…
—¡Joder, calla! ¡Emigrar, siempre emigrar, para que los hijoputas de siempre se salgan con la suya! No sigas por ahí, no sigas… ¡que me pongo enfermo!
—Pero bueno, ya está bien de hablar de mí, después de todo, ya sabes que yo no me arrastro, no nací con vocación de lombriz. ¿Qué me dices de ti, has resuelto…?
—¡Qué va, qué va! Mi ciudad es un nido de ratas, ¿sabes? Bah, allí impera el caciquismo más vergonzante. ¿Qué te parece a ti que se convoque un concurso arquitectónico en el Ayuntamiento y todo sea un paripé porque el jurado ya sabe a quién premiar (que es siempre uno del partido o con proyección comercial)?
—Te habías presentado…
—Bah… A mí, los del PSOE me la tienen guardada desde aquel día que denuncié en la radio el tráfico de influencias que llevaban a cabo en la adjudicación de cualquier evento, obra, etc. ¡Dios, qué escándalo se armó! Y los del PP no me perdonan que cuando me dieron la oportunidad de despotricar contra sus adversarios, me mostrara disconforme con sus proyectos, que no consistían más que en un cambio de manos en el poder.
—Pero a ti te ofrecían un puesto…
—¡Y qué! ¿Para que un chupatintas del partido me dijera cómo tenía que conducirme aquí y allá? ¿Para que me hicieran tragar toda su basura…? Los del PP no proponían más que su nepotismo en sustitución del nepotismo de sus adversarios, ¡y yo les critiqué! Y bueno, pues sí, ahora soy un apestado en esta ciudad, ¡no me encargan ni una maldita obra, porque todo son amiguismos, dependencia del poder político, servilismo con los medios!
—Entiendo… Por cierto, ¿qué es de tu hija?
—Está a la espera de abrir un bar. Verás, planeó ese futuro junto a su novio, pero llevan año y medio pagando el alquiler del local, licencias, papeles… y todavía tienen que esperar a que las administraciones cumplan sus plazos… ¿Tú te acuerdas de aquel escándalo que se formó en no sé dónde (bueno, fue hace bastantes años) que sucedió que la prensa filtró la noticia de que unos funcionarios corruptos cobraban por agilizar los trámites en la concesión de licencias? Bueno, muchacho, pues lo más lamentable para mí no fue observar cómo alguna gente se indignaba por aquello, ¡sino que no cuestionaban que hicieran falta casi dos años para abrir un maldito local en este maldito país!
—Dos años…
—Claro, solicitar licencia de obra, apertura, etc. Y dependes del puto ayuntamiento mientras apoquinas, joder, mientras apoquinas. Lo de este país es increíble, yo no me explico el servilismo que veo a mi alrededor, chico.
—Yo creo que ese servilismo va a ser difícil de erradicar cuando la gente ni siquiera ve la realidad.
—Bueno, como te contaba, ¿por dónde iba? Ah, sí, que estamos bien jodidos… Mira, yo estoy ahogado con mi tema con los bancos, tengo la soga al cuello, y la niña, pues eso… esperando… A veces me pregunto si no debí haber tragado en su momento, a veces pienso que tal vez fui demasiado inflexible.
—Ya… ¿y yo, cómo debería ser flexible, cobrando 500 euros con la esperanza de ascender dentro de diez años?
—Te entiendo, te entiendo, muchacho.
—Ni eso: porque no estás en la encrucijada de ser flexible o inflexible cuando ni siquiera te apuntan con el dedo.
—Y al final tendrás que largarte o resignarte a buscar suerte en colegios…
—U opositar. Pero en tu caso, el de un profesional liberal…
—Peor, peor, muchacho, peor porque mi profesión depende desgraciadamente de muchísimos intereses políticos, económicos, etc. No sabes tú el nido de corrupción que son los ayuntamientos españoles. Todo el país es un estercolero, si lo piensas bien. Por ejemplo, mi madre está cobrando una mísera pensión, después de haber trabajado toda la vida, mientras la madre de mi ex-mujer cobra más de 2.000 mensuales por ser viuda de un afín al régimen, tal y como te lo cuento. ¡Y los difuntos desempeñaban profesiones similares!
—Ya. Pero ante todo esto, ¿qué hacer?
—Yo qué sé… yo qué sé… Lo primero sería que la gente tomara conciencia, que se diera cuenta de que los partidos lo controlan todo en este país, de que hay que acatar políticas fiscales de vergüenza, de que los bancos son únicos en su género en la rapiña que practican, de que múltiples organismos públicos son endogámicos… ¡La gente tiene que entender, maldita sea, que es difícil, francamente difícil que en España prospere un espíritu independiente, alguien honesto, que no incline la cerviz a todas las malditas horas!
—Sí, sí, lo primero es reclamar que lo público funcione como tal, con absoluta transparencia. Pero…, ¿no será un problema cultural? Quiero decir que… compara la situación con los países escandinavos, donde los impuestos que recauda el Estado revierten en forma de unas muy buenas prestaciones sociales, y todo funciona a su debida manera. Aquí las prestaciones, mucho más modestas, se presentan como limosnas del poder, ¡cuando son un derecho de los ciudadanos!, mientras que el funcionamiento de las administraciones deja mucho que desear.
—¡Es la hostia, y en un país con más de tres millones de funcionarios*, gran parte burócratas, y gran parte habiendo ganado sus puestos a dedo! Ya no me defenderás ahora al funcionariado tanto como antes…
—Bueno, según la lógica de Estado, son indispensables. El problema, a mi juicio, está en el exceso de burócratas… y tal vez en algo más, si pienso en mí mismo y en cómo las ratas me cierran el camino.
—Efectivamente: en algo más: en que el español medio es corrupto, envidioso, mediocre, servil, ruin. En que tiene la lengua marrón, de todos los culos que lame. En que es un cainita, un animal de clan, de partido. En que desconoce el significado de la democracia, en que le llama democracia a la manifestación de una voluntad mayoritaria, generalmente iletrada. En que reclama jefes, caudillos, déspotas que rijan su vida. En que es un irresponsable en potencia, mentalmente un menor de edad, un esclavo, un dependiente.
Risa, yo diría que amarga, del joven.
—Ya, pero... ¿qué hacer? ¿Qué podemos hacer nosotros, los independientes, ahogados de soledad, de deudas, de frustración?
—No lo sé, no lo sé, maldita sea. Desde luego, no podemos esperar de brazos cruzados a que este sistema se caiga por el peso de su inmundicia… pero, bravuconadas aparte, no veo ninguna posibilidad de cambio sin una previa toma de conciencia colectiva. ¿Va eso contra tus ácratas principios? Porque un hombre solo, como decía Hemingway, un hombre solo no puede, no puede…
—Tengo que dejarte. Ya seguiremos hablando.
—Sí, tenemos que despotricar contra los bancos. Nos vemos, muchacho. La próxima vez gastamos saliva con los bancos. Cuídate.

EL LOBO ESTEPARIO

jueves, 3 de diciembre de 2009